La CULPA es un SENTIMIENTO ampliamente presente en nuestras vidas. Con la presión familiar, social y cultural de tener que ser, mostrar, conseguir, entre otros verbos; con la concepción del bien y el mal que vamos aprendiendo de pequeñas y, muchas veces, con las consecuencias negativas que recibimos si no acatamos, vamos creando este sentimiento al no cumplir con estos cánones. Y esto lo puedes aplicar a nivel familiar, a nivel profesional, a nivel de sexo, a nivel alimentario, a nivel de salud… evidentemente, el malestar será más o menos intenso según la persona, sus valores y la acción “desobedecida”.

Lo único que consigues con la culpa es mantenerte en el PASADO. Eso es: ¿culpa de qué? De algo que ocurrió y que crees que no “hiciste bien”. Por lo tanto, te aleja de tu momento presente para anclarte en ese punto del pasado. De esta forma, consigues que tu energía se consuma y te sientes sin fuerza para tu día-día.

Nos podemos sentir culpables por no ser “buenas” profesionales, “buenas” madres, “buenas” hijas, “buenas” amantes, “buenas” amigas, por “ser así” o pensar según como, por sentir este sentimiento o el otro, por no llegar a todo, por ganar peso, por no prestar la atención que la otra persona pide…bla bla bla bla… ¡nos sentimos culpables por acciones que hacemos y acciones que no hacemos! ¿Y quién define el “buenas”? Tu. Por lo tanto, tú puedes cambiarlo.

Sabes de lo que te hablo, ¿cierto?

Así pues, entramos en un “bucle” de tortura mental por no haber estado a la altura de lo que se esperaba de nosotras (o lo que tú misma esperabas de ti). Nuestra “vocecita” interna nos lo recuerda una y otra vez. Y el estado emocional que aparece en cada una, varía según lo que hayamos aprendido de la vida, las creencias que hayamos adquirido y creado según nuestras vivencias. Por lo tanto, la culpa tiene relación, también, con los valores que has asimilado. Fíjate que, además, nos provoca buscar una forma de compensación que a veces es destructiva para nosotras (modo “como no has sido buena, ahora tendrás que compensarlo”. ¡Como si fuera una penitencia!).

 

Te quiero aportar 3 ejercicios para que puedas gestionar este sentimiento, para que no te desgaste ni asumas responsabilidades que no te corresponden. Estas acciones las puedes aplicar a cualquier ámbito de tu vida. Ahora mismo me viene a la cabeza: ¿cuántas personas tienen sentimiento de culpa porqué estas fiestas han comido mal (según sus valores y creencias de lo que es comer “bien y mal”)? Pues estos trucos que te explico a continuación, puedes utilizarlos en este caso, también. Será el ejemplo que utilizaré.

 

Antes de empezar con las acciones, vamos a cambiar la palabra culpa por la palabra responsabilidad:

 

  1. Revisa tus valores, encuentra los que no seguiste y que provocan que te sientas mal. Pregúntate si la situación es tan grave como para sentirte así.

Si estas fiestas, por ejemplo, has comido más de lo que querías y además comidas copiosas, bebidas alcohólicas, postres dulces, turrones, polvorones… y te sientes mal porqué en tu vida cotidiana tienes en cuenta tu salud y la cuidas: ¿es tan grave como para que ahora estés pensando en esto y te obligues a no comer o a comer solo ensaladas e infusiones o a ir al gimnasio… para compensarlo? No te digo que sigas comiendo mal sino si vale la pena maltratarte a través de la culpa. Ya está hecho, ahora pon solución des del presente. Puedes escribirlo, si te apetece, es una forma transformadora de liberarte y de comprenderte.

 

  1. ¿Eres la responsable de lo que ha pasado? Ponle palabras, así puedes expresarlo.

En el ejemplo anterior: ¿hasta qué punto eres la responsable? 100%. Evidentemente, que todo tu entorno coma y beba excesivamente, no lo facilita pero la última palabra la tienes tú. Es tu decisión.

Poder expresarlo ayuda a qué el cerebro lo procese y que una misma asuma esta responsabilidad. Un ejercicio fenomenal: ponerte delante del espejo y decírtelo a ti misma: “soy la responsable de este sentimiento de culpa y lo asumo sin que tenga que compensar nada. Yo decidí actuar de este modo”. Las palabras nos permiten transformar los sentimientos y que su energía no se estanque en nosotras. Ya está hecho y así lo decidiste tú.

 

  1. Para salir del “bucle” y dejar de sentirte mal, pregúntate si puedes hacer algo para repararlo. En el caso que la respuesta sea “sí”: hazlo, acciona ya.

En el ejemplo que estamos viendo: la próxima vez puedes prevenirlo y buscar alternativas para compensar estas comidas y no tener que sentirte culpable posteriormente. Por ejemplo, preparar un plato de verdura de primero para estos días de comidas copiosas, y, luego, comer el segundo. Puedes ponerte un límite de cantidad de turrones y otros dulces. Puedes buscar recetas para postres saludables y cocinarlos.

Otra opción es prevenirlo y darte el permiso para comer cómo y tanto como quieras, es una vez al año y, si no te hace daño, pues a disfrutarlo sin culpa. Es tu decisión: o si, o no. Si hablamos de qué hay molestias físicas, pues quizá no te valga la pena esta segunda opción, ¿cierto? No sé si te compensa,

 

A veces nos ponemos unas expectativas que no son fáciles de cumplir y que son irreales, eso nos puede llevar a sentir culpa ¡claro! Date cuenta: cómo tú quieres vivir y cómo vives. ¡Somos humanas! Cuidarse también implica saber nuestras limitaciones.

¡FELIZ AÑO! ¡FELIZ VIDA!

 

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